Pensamiento intuitivo

Hay cuatro modos básicos en que se manifiesta el pensamiento intuitivo: psíquicamente (cuando se "olfatea" un peligro inexistente hasta el momento), emocionalmente (atracción o rechazo inmediato por alguien), mentalmente (solución instantánea de un problema intelectual) y espiritualmente (cuando se produce una iluminación o una revelación).

Fuente universal de información
Ahora bien, cualquiera de estas fórmulas van acompañadas de una sensación inefable de certeza. Aunque, como ha comentado el escritor Francisco López-Seivane, "dado que es fácil tomar por intuición cualquier deducción inconsciente o instintiva, la única experiencia cognitiva que debería calificarse de intuitiva es la comprensión mística, en la que la mente entra en un estado de gracia y conoce la esencia y la causa última de las cosas". Tal vez por ello, Buda insistió en decir que es este sexto sentido, y no la razón, el origen de la verdad fundamental.

De lo que no cabe duda es de que la intuición se expresa en un estado cerebral específico, tal y como recientemente ha corroborado el doctor Paul MacLean, director del programa Evolución y Conducta Cerebral en el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos. Según él, "en el proceso de conocimiento utilizamos tres cerebros, ninguno de los cuales puede ser relegado: el sistema límbico, que afecta a nuestras emociones; el reptiliano, que crea conductas y rutinas instintivas; y el neocórtex, con sus dos hemisferios, izquierdo y derecho, responsable de las funciones superiores. El primero de los hemisferios nos transmite la información racional y verbal; el segundo, la visual e intuitiva. Pero, curiosamente, como ha señalado el neurólogo Roger Sperry -premio Nobel en 1981-, "cuando el cerebro funciona en su totalidad, utilizando la conciencia unificada de ambos hemisferios, rinde más que cuando dispone de las propiedades de cada hemisferio por separado". Ambos se comunican continuamente a través del cuerpo calloso, una masa de doscientos millones de nervios que es más densa en las mujeres, lo que explica que éstas parezcan a priori más intuitivas.

Filósofos, músicos, artistas y científicos de todos los tiempos -desde Arquímedes a Einstein, pasando por Newton- deben a su intuición importantes descubrimientos o la inspiración de sus mejores obras. Por citar a algunos de la larga lista recordemos a Gustav Mähler, quien afirmaba: "yo no elijo lo que compongo, lo que compongo me elige a mí"; a Einstein, quien llegó a decir que "a la hora de hacer ciencia lo único valioso es la intuición"; o a Dalí, que esperaba siempre para pintar "el momento en que se produjera el delirio de lo instantáneo, a través de una actitud activa sistemática y sabia ante los fenómenos irracionales".

Pero, aunque se establezca que la inteligencia intuitiva es innata en todos nosotros, un don. ¿De dónde viene la información que se genera durante este tipo de percepciones? ¿Se originan en nuestro inconsciente o fuera de nosotros? ¿Se trata de una inspiración divina, de una conexión con la energía universal? A quien cree que: " nuestros conceptos sobre lo que es interno y externo son obsoletos y deberían reemplazarse por una teoría de campo unificado, que une la mente individual con la Mente Universal".

El mundo es un vasto océano de energía en el que las cosas existen unas dentro de las otras, se comunican e influyen continuamente de manera instantánea a los niveles más sutiles, mediante una especie de resonancia sincronizada. Esta interconexión podría explicar el acceso intuitivo a ciertos datos, pero aún así dejaría sin aclarar cómo se produce el proceso.

El filósofo y místico hindú Sri Aurobindo creía que "el conocimiento intuitivo es una luz que se enciende en el silencio y todo está ahí, ni más arriba ni más abajo, justo bajo nuestros propios ojos, esperando que nos aclaremos. No es tanto una cuestión de elevarse a uno mismo como de despejar obstáculos". Y Patanjali decía en sus Yoga Sutras que "uno debe construir su propio yo para que resulte tan inmóvil y claro como un cristal y nos permita experimentar, sin falsificaciones, aquello que reside más allá de uno mismo".

Prácticas para el desarrollo de una facultad innata
Dos factores impiden que podamos aplicar de forma eficaz nuestro sexto sentido en la toma de decisiones: nuestra desconfianza de todo lo que no sea racional; y que estos mensajes se manifiestan simbólicamente y de modo fragmentario. Hay diversos ejercicios prácticos para superar estas trabas y obtener respuestas intuitivas a preguntas concretas.

Reconocer el estado
En estado de relajación procura ser consciente de las impresiones que recibes a través de los sentidos y de tus sensaciones internas. Utiliza una grabadora para registrar en voz alta percepciones como. "Siento mi respiración", "huelo a café", "oigo la puerta del vecino", me pica la mejilla derecha"... Todo cuanto percibimos tiene un significado. Practicar a menudo este ejercicio nos vuelve más receptivos.

Formular una pregunta
La intuición siempre está a nuestro servicio y es posible hacerle todo tipo de preguntas. Eso sí, las cuestiones han de ser concretas o la respuesta se podría interpretar de varias maneras. No se puede plantear "¿Conoceré a mi pareja ideal?", porque si es alguien que ya se conoce la respuesta será negativa. Hay que preguntar: "¿Cuándo conoceré a mi pareja ideal?" En todo caso, hay que tener cuidado con lo que se desea saber. La intuición siempre contesta y puede que no guste lo que nos comunica.

Obtener una respuesta
Escribe varias preguntas en diferentes papeles, y después con los ojos cerrados, elige una al azar. Inmediatamente después, sin dar tiempo al pensamiento racional a interferir, repite en voz alta todo lo que sientes o percibes. Es importante grabar o que alguien de confianza anote lo que digas. El kit de la cuestión consiste en no callar nada que venga a la mente. Si ésta se queda en blanco, hay que respirar hondo, concentrarse en una de las sensaciones y dejar que nos lleve a otra. Luego analiza tus impresiones y trata de hallarles un significado desde el discernimiento. Por último mira el papel elegido y descubre la pregunta a la que has contestado. Es mejor no saber a qué se responde al hacer el ejercicio, pues así el consciente no bloqueará el proceso.

Interpretar mensajes
Para descifrar el significado de tus impresiones, analízalas desde un punto elevado de reflexión, o bien, lo que es lo mismo, desde el discernimiento de lo que es. Busca similitudes entre las palabras o en su fonética y pregúntate qué quiere decir para ti. Utiliza la asociación de ideas. Si la intuición se ha manifestado mediante imágenes o símbolos, como ocurre en los ejercicios de visualización, entonces intenta averiguar qué significan éstos para ti o para tu familia, o conviértete en el propio símbolo para ver qué sientes así.

Visualización guiada
Esta es una técnica similar a soñar despierto, en la que se imagina o visualiza algo para obtener una respuesta a un problema concreto. Es importante grabar también las escenas visualizadas. Y siempre hay que "engañar" al pensamiento racional ocultándole la pregunta que se hace. Para ello se puede dar varias preguntas a un amigo y pedirle que elija él una y la guarde hasta que acabemos el ejercicio.

Conocer el futuro
Escribe varias preguntas en un papel y elige una al azar. Dibuja un cuadrado, cierra los ojos y divaga mentalmente por cada una de sus esquinas, mientras visualizas diferentes escenas, sentimientos o cosas en cada una de ellas. Puedes ayudar a tu imaginación preguntándote: "¿Dónde estoy?", "¿Qué sucede a mi alrededor?", etc. (Realiza el ejercicio antes de seguir leyendo, para que la respuesta sea más intuitiva).
Las visualizaciones que has tenido en la primera esquina responden a tu situación presente. La segunda contiene datos acerca del futuro próximo. La tercera desarrolla la situación anterior. Y la cuarta habla sobre los cambios que experimentarás pronto.

Evitar autoengaños
Es difícil saber cuándo una información ha sido brindada por la intuición (con la certeza entonces de que será cierta) u obedece a una reacción emocional, ansiedad, imaginación, rebeldía, etc. Para no autoengañarnos los expertos recomiendan "conocerse uno mismo", y así identificar las propias motivaciones y miedos. Ciertos hábitos que nos ayudarán son: llevar un diario de nuestros estados anímicos, practicar técnicas que nos eduquen para concentrar la atención, como yoga, meditación, etc. También es positivo hacer ejercicio físico, abrir el corazón al mundo que nos rodea y gozar con un sentimiento de gratitud hacia nuestros semejantes, así como cultivar el sentido del humor, y jugar como si fuéramos los niños que un día fuimos.   

Por David Vallellano